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Los niños lo quieren saber todo…

El pasado mes de mayo me invitaron a presentar la Escala de Desarrollo Armónico en Tenerife, durante la celebración de las Jornadas de Innovación del CIFP La Laguna. Los profesionales de las Escuelas Infantiles pudieron conocer las ventajas de la EDA para evaluar el desarrollo de los niños. Firmamos un convenio por el que todos los alumnos de los ciclos formativos superiores de Educación Infantil podrán hacer sus prácticas utilizando la escala, además de adoptarla como herramienta de seguimiento del desarrollo, por parte de las escuelas asociadas al programa. Pero la experiencia más sorprendente fue la entrevista que me realizaron “a fondo” tres niños de la emisora Radio Explora, de ALDEAS INFANTILES. Se puede escuchar en el siguiente enlace…, Laura, Marcos y Lucía son increíbles!!!

El caso de la niña de once años

RADIO: COPE (emisión nacional) “La Tarde con Ángel Expósito” martes 6 de febrero 2018.

CONTENIDO: Ángel Expósito me entrevista en su magazine de tarde sobre el tema de la niña de once años que ha dado a luz un bebé en el Hospital Virgen de la Arrixaca. La entrevista va desde el minuto 33:00 hasta 38:00. Se puede escuchar pulsando el siguiente archivo:

El caso de la niña de 11 años

La Escala de Desarrollo Armónico en RNE

TELEVISIÓN: YouTube.com “Canal Fundación Maternal” viernes 21 de octubre 2016.

CONTENIDO: “Escala de Desarrollo Armónico” Óscar Vila me entrevista a lo largo de 18 minutos en los estudios de radio de la UNED en Madrid en mayo de 2016. La entrevista la emitió Radio 3 de RNE. Antonio Gomariz crea el canal de la Fundación Maternal en YouTube y cuelga la entrevista en formato de video con fotos fijas que van cambiando.

La Escala de Desarrollo Armónico en RNE

El trastorno del TDAH

RADIO: Gestiona Radio Región de Murcia “Dejar huella” viernes 21 de octubre 2016.

CONTENIDO: “El trastorno del TDAH” . Benito Alcaraz me invita a participar en el programa inaugural de su espacio radiofónico. La entrevista la emitió Gestiona Radio a las 13 horas del sábado 7 de noviembre de 2015. La entrevista se escucha desde el minuto 04:00 hasta 30:00. Para escucharlo hay que pinchar el enlace y es necesario seleccionar el primer programa de la serie, que tiene por título “El TDAH. Javier Abellán, Doctor en psicología, nos enseña cómo tratarlo…”:

El trastorno del TDAH

Nueva escala de desarrollo infantil

TELEVISIÓN: Tv. UM.es “Canal UM Programa 7” lunes 27 de febrero 2017.

CONTENIDO: “Nueva escala de desarrollo infantil” Maite Pellicer me entrevista con preguntas cortas en su nuevo programa de información universitaria que se emite cada día en abierto por la emisora de Televisión Murciana a las 9:30 de la noche. La entrevista se visualiza desde el minuto 01:00 hasta 07:00.

Nueva escala de desarrollo infantil

Para ver el Bullying con Otros Ojos

No sé qué me pasa para estar tan triste. Mis otros ojos lloran, esos que nunca ve nadie.

No sé lo que me pasa, tan solo soy una niña que ha crecido como todos los niños. Con algún cuento en la mesilla, con dibujos animados en la tele y con los anuncios donde los padres y madres sonríen a sus hijos.

No sé lo que me pasa, no logro entenderlo, tan solo sé que todas mis amigas llaman al timbre para entrar a casa y yo llevo llaves desde bien pequeñita. Qué cuando una amiga me invita a merendar su madre está en la cocina duplicando el vaso de leche, sin embargo, yo cuando llego a casa el silencio me abre la puerta y si quiero merendar debo seguir las instrucciones que mi madre me enseñó “esta rula al 2 y luego pulsa el botón grande, y nunca metas nada de metal”.

No sé lo que me pasa, porque siento que mis padres me quieren, no obstante también siento su cansancio. Necesitan no escucharme, casi me obligan a no enfermar y sé que de alguna manera debo crecer sola…

No sé lo que me pasa, porque en realidad no me falta nada, tengo un móvil (al que mi madre llama para decirme que saque la ropa…), mis amigas tienen una habitación para ellas solas y yo tengo una casa para mi sola, los reyes me traen cosas todos los años y… a veces, hasta hacemos algún viaje… No sé lo que me pasa…

 No sé lo que me pasa, aunque creo que puede ser que no existo. No me cogen y me voltean como en los anuncios donde se ven a los padres con el niño en la playa dando vueltas en el aire, no me cuentan el cuento para dormir como en algunas películas que he visto, no me dan ese abrazo y me dicen te quiero. Pero sé que eso no es importante porque llevo el mejor móvil de mis amigos, y sé que me quieren mucho, porque trabajan todo el día para que yo tenga lo mejor. Por eso sé que existo…

También sé que existo por mi cole, allí todo el mundo me presta atención. Al principio estaba callada, obedecía, estudiaba, etc. y seguía sin existir, como estoy tan sola casi no he aprendido a relacionarme. Pero tras un breve tiempo descubrí qué por el simple hecho de hablar, en su clase, la maestra se aprendió mi nombre. Qué por pegar a mi compañera, el director sabía mi nombre, qué, incluso a veces, mis padres se dejaban su trabajo para ir a la llamada del colegio. ¡Qué bueno es que te regañen, a pesar del mal rato! Me hace existiiiiiiiir. ¡POR FIN SOY ALGUIEN!

Sé que mis compañeras del cole me quieren, pues me meto con ellas y me respetan, me obedecen cuando les digo algo, aunque a veces les hago daño con mis “caricias”. Ellas no lo saben, pero yo las necesito a mi lado cada día, necesito que lloren por mí presencia… Yo no me doy cuenta, pero en el fondo de mi ser necesito existir como sea.

No sé lo que me pasa, hay días que me siento muy apenada y diferente ¿acaso será verdad lo que dicen? Estaba en el sofá viendo la tele y escuché que un mayor decía que lo que yo hago está mal, le han puesto un nombre rarísimo bull… no sé qué. Da igual yo solo sé que nadie se ha parado a enseñarme a existir de otra manera. Además, no puede estar mal porque a los que les importo me enseñan de la misma forma, la profesora me grita, mis padres me zarandean, el director me obliga, y nadie me da besos. Mi conclusión, la conclusión de una niña como yo ¿puede ser que si das besos no existes? ¿Alguien de los que dice que soy mala, sabe lo que duele no existir? YO SÍ.

No sé lo que me pasa, tan solo percibo que mi forma de vida nunca me hará feliz, porque todo el mundo empieza a apartarme.

Quizá debería “acariciar” más fuerte, para que mis padres vengan más al colegio o para que mi nombre lo conozcan todos. Al fin y al cabo, mi único alimento es el enfado y, muchas veces, el dolor de mis compañeros.

Me pregunto ¿Por qué nadie se ha dado cuenta que busco lo mismo que todos, EXISTIR EN PAZ?

No sé lo que me pasa, pero si alguien lee esto, ¡por favor, que me salve con sus besos y abrazos! ¡Por favor, que alguien me enseñe a querer, queriéndome, dándose a mí! Prometo, que en cuanto exista dejaré de hacer bull… no sé qué…

No sé lo que me pasa… tan solo espero que mis maestros no lleguen tarde, porque la responsabilidad de cualquier criatura como yo, puede ser muy limitada en comparación a la de cualquier adulto como vosotros.

Quizá, lo que nos pasa en nuestra vida se pueda mirar con LOS OTROS OJOS…

Benito Alcaraz

 

Benito Alcaraz Ortas es padre de un hijo con TDAH y autor del libro “De mayor yo quiero una Familia como Vosotros

https://www.amazon.es/dp/B01BVADOS2

Benito es autor del blog:

https://dejarhuella.org/

 

La vida gratis

Nos parece natural que se nos dé la vida sin cobrarnos nada por ella. Así lo percibimos cuando somos niños. Nos amamantan, nos visten, nos dan calor y cariño gratuitamente; Santa Clauss o los Reyes Magos nos regalan maravillosos juguetes a cambio tan sólo de un pensamiento mágico. Nuestros padres nos compran la mochila, los libros y hasta el ordenador con conexión a Internet para que podamos estudiar y aprender. Nos dan la paga de la semana y al parecer tenemos derecho a pedir un incremento con vistas al fin de semana. Pero poco a poco la infancia se nos acaba y la certidumbre de que la vida es gratis, también.

 Hubo un tiempo en que nadie hubiera creído que tendríamos que pagar por el agua fresca y limpia que bebemos. Y sin embargo, vamos comprendiendo que está cerca el día en que tendremos que pagar por el aire que respiramos. De la misma manera podría decirse que la infancia es un paraíso y la edad adulta una esclavitud. Nos crían en la inocencia y luego nos arrojan a un infierno económico en el que cualquier deseo tiene un precio, y la inflación sube en la misma proporción que la intensidad de nuestros deseos.

 No es extraño que los padres hagamos lo posible por mantener a nuestros hijos en el limbo de la gratuidad, retrasándoles hasta donde sea posible la vivencia del pago; sobreprotegiéndoles para que su infancia dure y dure.

 El resultado habitual es que el niño crece con la seguridad de que sólo por existir ya tiene adquirido el derecho natural a satisfacer todos sus deseos y necesidades. Puede llegar a la conclusión de que su propia existencia es un mérito suficiente que le hace acreedor de esos derechos: cuando ve la felicidad que provoca en sus progenitores comprende su verdadero valor. Para sus adentros debe decirse algo así como “soy hijo luego soy diamante”.

 Si nuestro comportamiento como educadores consiste en darle todo gratis a nuestro querido y deseado hijo-diamante, posiblemente estemos cometiendo un error decisivo que puede afectar al curso de toda su vida.

 De manera que cuando esa situación ya se ha dado, lo que más nos escandaliza es precisamente la ausencia de valores que el hijo expresa en sus actitudes: prepotencia, holgazanería, despilfarro y en no pocos casos hasta xenofobia y sexismo. Cuando bastaría con que nos moviéramos ligeramente desde nuestra posición de soporte para verles caer irremediablemente, ya que les hemos hecho incapaces de sostenerse a sí mismos.

 El concepto de “adolescencia” se ha inventado para reflejar esta situación. El adolescente “adolece” de todo aquello a lo que, sin embargo, es capaz de aspirar, y si algo tiene es porque sus adultos se lo regalan de buena fe. Hoy en día con facilidad se puede llegar hasta los treinta y tantos careciendo de autonomía financiera, casa y familia propia.

 Si somos adultos, padres y educadores responsables debemos intentar prevenir esta situación mientras estemos a tiempo, arbitrando tres tipos de medidas:

  1. Educar a los hijos dentro del principio de la realidad, sin miedo a que la contemplen y la perciban tal y como es de verdad, hasta el punto de permitirles experimentar las frustraciones propias de quien teniendo deseos, sabe que el camino será largo hasta lograr alcanzarlos. Así se construirá el concepto del “valor” y el respeto por lo conseguido a través del propio esfuerzo. Los niños tiene derecho a protestar y siempre debemos atender sus lamentos, pero eso no significa que debamos concederles gratuita e instantáneamente todo lo que solicitan.
  1. Educar a los hijos para la resolución de sus propias necesidades, dotándoles de un franco sentimiento de capacidad y confianza en sí mismos, gracias a un entrenamiento sistemático en el esfuerzo y el trabajo hasta llegar a consolidar los hábitos que les permitirán enfrentarse de forma adecuada a los retos que se les presentarán durante toda su vida. Aquellos que nunca llegan a acostumbrarse al trabajo diario tienen tres problemas: se conforman con menos cantidad o menos calidad, desconfían de sus propias capacidades y sobre todo, desconocen el ahorro de tiempo y energía que se deriva de la automatización de las tareas.
  1. Educar a nuestros hijos nosotros mismos, sirviendo de cauce a su identidad con nuestra propia identidad, regalándoles el tiempo de nuestra vida, mostrando interés por la de ellos, compartiendo nuestras experiencias, nuestros sentimientos y nuestras ideas, sin lamentarnos por todas las veces que no estamos junto a ellos y dando una alta calidad a nuestra relación personal, evitando observarlos en vez de participar. Cuando falta vocación para ejercer de padres satisfacemos nuestro sentimiento de culpa compensándoles con objetos materiales, que en definitiva acaban produciéndoles insatisfacción porque de ellos no obtienen la nutrición que les da la forma humana.

 Es cierto que afortunadamente cada hijo tiene su propio carácter, temperamento y personalidad, pero esto no nos disculpa de nuestra obligación de aprender a valorarlo en su medida, para que adaptando nuestra educación a sus características lleguemos a hacerle capaz de ganarse la vida.

Javier Abellán

El arteterapia en la infancia

Una nueva herramienta terapéutica para el tratamiento psicopedagógico con los niños es el Arteterapia. Tal y como explica la arteterapeuta Noemí Martínez (1), es altamente beneficioso el trabajo de Arteterapia con niños y adolescentes con problemas educativos, como se hace ya en algunos países en que la figura del arteterapeuta está incluida en la escuela (Gran Bretaña, EEUU,…). “El arteterapia es una forma de intervención excelente que debería estar contemplada en el sistema educativo como uno más de los instrumentos para llevar a cabo la tarea de educación integral en la escuela”.

En España, los arteterapeutas van introduciendo poco a poco sus metodologías para trabajar con niños y adolescentes. Participan en el abordaje interdisciplinar de los trastornos de conducta, hiperactividad, déficit de atención y violencia infantil.

Para los niños, el ARTE es la forma de expresión más natural y una forma no verbal de comunicarse con los demás niños y con los adultos. Mediante el arte y el juego, ellos escenifican y simbolizan su mundo interno y esto es precisamente aquello que les hace evolucionar y desarrollarse. La acción que todo ser humano acomete al crear -o al interpretar- una ficción, es aquella que los niños realizan cuando juegan, y nos permite evolucionar de una manera sana ya que sublimamos fuerzas interiores, conflictos, preocupaciones, las plasmamos en un papel y de esa forma las sacamos afuera y las podemos visualizar. Que esto sea algo natural para los niños demuestra que el acto de hacer arte, de crear, de crear ficción, es algo inherentemente humano.

Actualmente los niños están acostumbrados a que se les juzgue en todo momento. En las clases de plástica, en vez de estimular esa creatividad innata y tan beneficiosa para su aprendizaje, les califican sus dibujos y comportamientos creativos usando como único criterio el criterio estético, por lo que los niños van perdiendo paulatinamente su interés por el arte y la creatividad. En las sesiones de Arteterapia no se juzga ni se califica los trabajos que hacen los niños. Contrariamente, se les anima y motiva para que expresen su creatividad sin ningún impedimento, eso sí, sin que por ello se prescinda de los límites y la disciplina necesaria. Es por esto que a través del Arteterapia se puede fomentar un desarrollo infantil muy positivo porque restaura esa práctica creativa y sublimadora interrumpida.

El Arteterapia propone actividades motivadoras de expresión libre y experiencias enriquecedoras que les permiten canalizar mejor sus emociones y potenciar sus habilidades. De este modo pueden aprender a manifestar sus deseos y temores, tienen la ocasión de experimentar, sin riesgo, una cierta forma de dominio que les proporcionan las distintas técnicas, pintura, dibujo, modelado, música, teatro, que les acercan al mundo de las ideas, de los sentimientos; con el acto creativo pueden aprender a revivir situaciones pasadas, experimentar la repetición y la re-presentación y aprender las reglas y los poderes de la simbolización. De este modo, el Arteterapia:

  •     mejora el rendimiento escolar, la atención en clase y su capacidad de motivación, sin saturarlos ni sobrecargarlos.
  •     mejora su socialización, su comunicación con los padres, profesores y demás niños.

Según Noemí Martínez (2), los objetivos principales del Arteterapia para los niños se pueden resumir en:

1. favorecer el autoconocimiento y la definición de sí mismos, para que descubran cómo son y susvalores.

2. desarrollar su autoestima para que aprendan a valorarse, ya que la autoestima influye en el aprendizaje.

3. profundizar en sus sentimientos y emociones, los positivos y los negativos.

4. posibilitar la comunicación y,

5. desarrollar su creatividad.

La imagen permite sacar a la luz reacciones de tipo afectivo o emocional que, en el lenguaje verbal, difícilmente podrían encontrar su sitio. Estos objetivos principales pueden ayudar a encontrar salidas o soluciones en la resolución de conflictos.

Mediante la creatividad y en un ambiente agradable, lúdico y armónico donde se respeta la individualidad del niño, el aprendizaje se convierte en una tarea de disfrute, sensorial y de expresión, y no de aburrimiento, sufrimiento u obligación. Con el trabajo arteterapéutico no sólo se presta atención a lo consciente sino que además se aborda lo inconsciente.

Rafael Ibañez

(1) López-Fernández Cao, Marián y Martínez Díez, Noemí (2006): Arteterapia, conocimiento interior a través de la expresión artística, Ed. Énfasis, p.66

(2) Martínez Díez, Noemí (2006): Nuevas herramientas para la intervención terapéutica con menores con trastornos de conducta: Arteterapia, http://www.obelen.es/upload/232G.pdf

La ansiedad en la infancia

Los trastornos psíquicos en la infancia provocan un malestar y un sufrimiento interno que puede presentarse bajo distintos aspectos: la ansiedad, la angustia, las fobias, los pensamientos obsesivos y las compulsiones a realizar este o aquel acto, la inhibición de la expresividad y los sentimientos depresivos, son manifestaciones que el clínico debe tomar en consideración.

Pero antes de entrar en su estudio debemos hacer algunas consideraciones:

  • El modo como el niño intenta expresar y comunicar su sufrimiento interno a su entorno es muy distinto al del adulto. El niño no explicita con lenguaje lo que siente, pero sí niega sus miedos y centra sus quejas en su cuerpo o en su entorno, pero más frecuentemente deberemos interpretar sus manifestaciones ruidosas y molestas.

  • Debemos comprender que los adultos desconozcamos frecuentemente el sufrimiento de los niños. La imagen idealizada de la infancia como un periodo de felicidad no turbada es una fantasía proyectada por los adultos. A los padres nos resulta difícil evitar sentirnos culpables de todo aquello “que no funcione bien en nuestros hijos”. Interpretamos las crisis de ansiedad como “rabietas”, las fobias como “caprichos”, la inhibición como “mala voluntad” y llamamos “vago” al niño que se siente deprimido.

Definición de ansiedad en la infancia y la adolescencia

Ansiedad: emoción adaptativa que previene de peligros reales (se siente miedo y ansiedad)

Según su intensidad representa un papel distinto: los niveles moderados son adecuados para optimizar la atención y la motivación; altos niveles provocan sufrimiento psicológico y deterioro en la vida del sujeto con incidencia en trabajo, estudio y relaciones personales, así como el consumo de drogas, abuso de alcohol, o de medicación tranquilizante. Son los trastornos de ansiedad. Los estados en que el organismo es inundado de cantidades de excitación que sobrepasan su capacidad de control se llaman estados traumáticos. Las descargas vegetativas involuntarias de emergencia poseen esta cualidad.

4 de cada 10 personas pueden experimentar los síntomas de la ansiedad actualmente.

La ansiedad es una emoción desagradable, comparable al miedo. La diferencia es que al miedo le podemos encontrar una causa concreta. En la ansiedad se siente el miedo pero sin que lo provoque objeto alguno.

Debemos diferenciarla también de la angustia, pues aunque esta también produce aumento de la tasa cardiaca y respiratoria, temblor muscular y sudoración, incluye la vivencia de un “nudo” en el estómago y opresión en el pecho, dejando a la persona paralizada y encogida sobre sí misma, quizás balanceándose, en el caso de la ansiedad, se percibe un sentimiento desagradable de peligro inminente, indefensión y tensión y expectativa ante una supuesta amenaza. La persona ansiosa suele estar inquieta, caminando sin rumbo, quizás tirando de sus ropas o cabellos, dando vivas muestras de estar buscando alivio.

En los niños se consideran normales y adaptativos los miedos, como un componente más del desarrollo. Son evolutivos, transitorios, preparan al niño para enfrentarse a posteriores situaciones de estrés y pueden ser generados internamente por el propio sujeto.

Las fobias son miedos desproporcionados respecto al peligro, son persistentes, se aceptan como irracionales, son involuntarios y llevan al niño a evitar la situación temida.

La ansiedad es sensación de desasosiego, inquietud o malestar, similar al miedo, pero que ocurre sin amenaza externa evidente y sin relación con situaciones o estímulos antecedentes específicos, y las reacciones fisiológicas son más intensas y duraderas que en el miedo.

Causas que pueden provocar la ansiedad

Enseñamos a los niños a tener miedo de los peligros (el horno encendido). Nuestros gritos y sustos, junto a sus propias experiencias les hacen sentirse ansiosos frente al peligro. Se aprende también por ver las consecuencias o por que alguien te las relate (“en esa atracción de feria se mató un niño”) es suficiente para provocar la ansiedad. El mecanismo adaptativo de la ansiedad puede producir falsas alarmas frente a situaciones inofensivas. Aparecen así los trastornos de ansiedad como síndrome clínico.

La crisis suele desatarse a partir de alteraciones corporales anárquicas y desmedidas que no pueden ser interpretadas ni controladas por el sujeto, ni tienen valor adaptativo, pues suponen una preparación para un enfrentamiento brutal con un arsenal que luego no puede ser descargado. El sistema nervioso simpático, con su acción estimulante ha puesto en marcha un arsenal de mecanismos que preparan para la lucha: disminución del riego sanguíneo a las vísceras para aumentarlo en los músculos, parada del aparato digestivo para ahorrar energía (sensación de nudo en el estómago), dilatación de pupilas para favorecer la visión, aceleración del corazón para que bombee más sangre a los músculos, aumento de la capacidad de coagulación de la sangre en previsión de heridas, y aceleración de la respiración para aportar más oxígeno al cerebro y a los músculos.

Lo peor es que la crisis de ansiedad se retroalimenta; los primeros síntomas producen temor y alarma y estos alimentan la producción de más adrenalina, lo que aumenta los síntomas, creando un círculo vicioso neurotizante. La solución será perder el miedo a lo que está ocurriendo y permitir la disolución de los síntomas, ya que es evidente que se trata de una falsa alarma y los síntomas no van a seguir creciendo indefinidamente.

Los primeros miedos de los niños se expresan durante el primer año de la vida en forma de excesiva sensibilidad hacia las personas desconocidas, en demostración de que comienza a distinguir a las personas que son significativas para su vida. A partir de la 4ª semana reconocen a la madre, y a partir del 4º mes demuestran ansiedad frente a los extraños. A los 8 meses el punto culminante de su capacidad para diferenciar le lleva a un estado mucho más intenso de angustia. Parece que con cada nueva capacidad intelectual, emocional o motriz se despiertan nuevas ansiedades

Tipos de trastornos de ansiedad en la infancia

trastorno de ansiedad de separación (por ir a la escuela, dormir solos, quedarse solos o ir a campamentos, si la ansiedad es excesiva para la edad del niño y se mantiene 4 semanas)

trastorno de pánico (crisis de ansiedad, miedo a tener miedo, interpretación catastrófica de sensaciones físicas)

agorafobia (crisis de ansiedad asociada a determinados lugares, se trata de evitar esos sitios de manera fóbica, el agorafóbico se recluye en un falso círculo de seguridad)

fobia social (no es timidez pues esta no incapacita, el fóbico ve la vida social como amenazante, tiene miedo de sufrir una crisis de ansiedad en público)

fobias específicas (al médico, al perro, a la tormenta, son miedos irracionales y desproporcionados, escapar de la situación es el elemento que mantiene el miedo)

-trastorno obsesivo-compulsivo (el que sufre la obsesión la considera ridícula, pero no sabe como librarse de ella, aunque lo intenta con actos compulsivos que sólo funcionan transitoriamente, el ritual es una cadena de compulsiones)

-trastorno por estrés postraumático (se produce tras ver peligrar la vida, se reexperimentan los hechos, pero el estrés generado lleva a la evitación de todo recuerdo, la ansiedad hace sentir a la persona que su vida ya no tiene sentido, mientras mantiene una vigilancia extrema, el trauma precisa de un tiempo para elaborar el duelo, la negación sólo empeora las cosas)

-trastorno por estrés agudo (igual que el postraumático, pero los síntomas duran menos de un mes)

-trastorno de ansiedad generalizada (es una ansiedad flotante no focalizada en ningún objeto o situación concreta, se da facilidad para preocuparse siempre por muchas cosas generando síntomas físicos)

(en todos estos trastornos la intensidad, la frecuencia o la repercusión de los síntomas varía hasta el límite del diagnóstico)

-trastorno adaptativo (si la ansiedad tiene justificación por los acontecimientos estresantes y puede acompañarse de síntomas depresivos)

-trastorno reactivo de la vinculación de la infancia (en caso de crianza patológica, con desatención afectiva y otras carencias que impiden la formación de vínculos estables)

Síntomas de la ansiedad en la infancia y la adolescencia

-tensión muscular

-palpitaciones

-manos o pies fríos, escalofríos u oleadas de calor

-necesidad de evitar sitios, animales o personas

-náuseas, vértigos, temblores

-dudas reiteradas, preocupaciones excesivas

-asociada a situaciones (avión, ascensor, alturas)

-crisis repentina sin motivo aparente

Las descargas de adrenalina (hormona tipo catecolamina) son las responsables de todos estos síntomas. Se sintetiza en la glándula suprarrenal, y al liberarse en la sangre ejerce su efecto sobre todo el organismo. Su síntesis y liberación no están controladas por la voluntad, pero hay estímulos que provocan su liberación brusca con determinados efectos fisiológicos:

  • Aumento de la tasa cardiaca

  • Disminución y posterior aumento de la vasodilatación de la piel y la sudoración

  • Disminución y posterior aumento de la tasa respiratoria

  • Dilatación de las pupilas

  • Aumento de la glucosa circulante

  • Disminución de la actividad digestiva

  • Vivencia psíquica de irritabilidad, tensión e intranquilidad

La adrenalina coloca al cuerpo en una situación de emergencia, poniendo en marcha mecanismos fisiológicos de defensa frente a amenazas tanto reales como imaginarias.

En el niño las manifestaciones de la ansiedad y la angustia son difíciles de descubrir y pueden tomar muchas y variadas formas:

  • Malestar general del niño, perceptible en su aspecto, sus gestos, su voz, su rostro. Muestra un estado de inquietud y de temor permanente, está al acecho manteniendo una vigilancia exacerbada y tiene miedo de todo

  • Perturbaciones funcionales del sueño, de la alimentación y de la esfera digestiva.

  • Quejas somáticas variadas, como dolor de vientre, de cabeza, vómitos, sobretodo cuando han de enfrentar la separación de su entorno familiar o deben dirigirse a la escuela.

  • Pasos a la acción espectaculares, agresivos o no, conductas de oposición colérica o de inhibición silenciosa.

  • La expresión de fantasmas angustiosos en las historias, los juegos o los dibujos de los niños.

  • Mutismo selectivo, antes de los 5 años y que suele durar varios meses.

Mecanismos de la ansiedad

Cuatro factores:

  1. Las situaciones: la ansiedad se despierta en determinadas situaciones que el sujeto conoce.

  2. El organismo: las diferencias individuales heredadas y adquiridas en cuanto a la tendencia a padecer ansiedad por predisposición genética y a reaccionar fisiológicamente con síntomas de ansiedad frente a situaciones que para otras personas resultan inofensivas. Otros factores encubiertos se relacionan con el uso de alimentos o sustancias que despiertan la ansiedad: cafeína (bebidas de cola, chocolate), alcohol, anfetaminas y otras drogas. Otras sustancias reducen la ansiedad, como los ansiolíticos y antidepresivos, que producen sedación, aunque no resuelven el problema por sí solos. La respuesta ansiosa se aprende y también se puede aprender a controlarla. En el aprendizaje y experiencia vital incluimos la autoestima y las habilidades sociales (en concreto, la asertividad).

  3. La respuesta ansiosa: son los síntomas de la ansiedad, que clasificamos en tres tipos: cognitivos (pensamientos e imágenes mentales), fisiológicos (sensaciones físicas) y motores (pueden verlos los demás).

  4. Las consecuencias de la propia respuesta ansiosa: si la manera en que afrontamos nuestra propia ansiedad es inadecuada estaremos cerrando el círculo del trastorno ansioso. Lo normal es que tratemos de huir de las situaciones que despiertan la ansiedad, pero así sólo conseguiremos agravar el problema. Aliviar los síntomas no significa acabar con el problema. Debemos encontrar soluciones que nos proporcionen un bienestar duradero. La evitación de las situaciones que nos producen ansiedad conlleva la aparición de problemas a largo plazo.

En definitiva, el miedo es miedo a tener miedo, y afrontar los miedos es la solución, pues nos permite comprobar que las consecuencias son siempre menores que lo esperado o nulas. No debemos permitir que lo posible se imponga a lo probable. Debemos comprobar la realidad para sentir como la ansiedad se diluye.

Los niños están más indefensos frente a las inseguridades, de manera que están más abocados a la ansiedad que los adultos. Es característico ver a los niños ponerse sobreactivos, moviéndose continuamente por la habitación, como si tuvieran un motor interno que no puede parar (parecen hiperactivos).

En los niños la ansiedad es el resultado de sentimientos básicos de inadecuación e inferioridad. Al haber sido criticado en sus faltas se siente culpable y con miedo e inseguridad frente a nuevas situaciones o en las relaciones sociales. Si el niño se siente culpable en la infancia y constantemente lucha por conseguir la aprobación de sus padres, puede sentirse angustiado frente a otros adultos que puedan desaprobarle o corregirle en el futuro.

No olvidemos que los problemas y tensiones del hogar y de la pareja pueden producir en el niño una dosis considerable de ansiedad.

Orientaciones para enfrentar la ansiedad

Ahora conocemos qué es la ansiedad, cuáles son sus síntomas, cómo se desencadena y los mecanismos que la alimentan.

Para ayudar al sujeto a vencer su ansiedad, debemos ayudarle a comprenderla:

  • Lo primero es identificar las situaciones que desencadenan la respuesta ansiosa. Buscaremos tanto las situaciones temidas como los síntomas que por sí mismos, al sentirlos, pueden funcionar como disparadores de la ansiedad. Analizaremos las situaciones, los pensamientos y las sensaciones corporales.

  • A continuación analizaremos la actuación del sujeto tratando de evitar sentir esa ansiedad. Si lo que hace es reductor de la ansiedad, pero sólo es huida, evitación, repetición obsesiva, entonces ya comenzamos a comprender el mecanismo y por lo tanto a encontrar una vía de solución.

  • Recordemos que el trastorno será un problema que necesita solución cuando interfiere la vida cotidiana, si afecta la vida laboral o académica y distorsiona la relación con los demás.

Una vez comprendida debemos ayudar al sujeto a encontrar el camino que alivie la tensión, pero que no alimente el mecanismo activador de la ansiedad, para así poco a poco, invitarle a hacer frente a las situaciones desencadenantes con un adecuado control de sus síntomas físicos, mentales y de actuación.

Son múltiples las técnicas que podemos utilizar para preparar al sujeto:

  • Relajación muscular

  • Control de la respiración

  • Autohipnosis

  • Análisis y solución de problemas (evaluación de alternativas y elección)

  • Reenfoque cognitivo (tomar distancia para ver con realismo)

  • Positivización del autoconcepto (lo que creemos ser)

  • Elevación de la autoestima (el valor que nos concedemos)

  • Entrenamiento en asertividad (evitar la agresión y la sumisión en las relaciones sociales)

  • Dejar de evitar y enfrentar las situaciones temidas (es el último paso, y hay que darlo de forma imaginada primero, y después en vivo, pero de forma gradual)

Aunque la medicación puede ayudar en los casos de ansiedad aguda, normalmente los niños ansiosos responden bien a un tratamiento psicológico. Cuando la ansiedad es debida a sentimientos de inseguridad e inferioridad, el terapeuta debe ayudar a evaluar las experiencias pasadas, para enfrentar los conflictos y frustraciones que están en la base de dicha ansiedad, para que la mejora del autoconcepto y de la autoestima le permita enfrentarse a la vida con más seguridad y confianza en sí mismo.

El terapeuta debe dedicarse tanto a los niños como a los padres, ya que estos deben comprender cómo con su comportamiento educativo pueden desencadenar la ansiedad del niño. Al mejorar la dinámica familiar el niño se adapta mejor. De ahí la utilidad de la terapia de tipo sistémico.

Para prevenir en los niños la aparición de ansiedades debemos proporcionarle un ambiente educativo ideal. Estos son 10 puntos para lograrlo:

1. Hacer que el niño se sienta seguro

2. Procurar que se sienta querido y aceptado

3. Huir de las amenazas, los castigos y los miedos

4. Hacer que poco a poco adquiera responsabilidades e independencia

5. Cuando manifieste sus instintos y sentimientos, no regañarlo, comprenderlo y sobre todo orientarlo

6. No exigirle lo que no se le ha dado primero

7. No compararle con otros ni crearle sentimientos de inferioridad

8. Estar abiertos a la comunicación y mostrar interés por sus cosas

9. Mostrarle un modelo sereno y tolerante de afrontamiento de los conflictos

10. Interpretarle como un niño que está construyendo su identidad y personalidad, y no verle como “un adulto en miniatura”.

Javier Abellán

Bibliografía

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Brazelton, T. B. (1989). Escuchemos al niño, Barcelona, Plaza Janes.

DSM-IV (1995). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Barcelona, Masson.

Fenichel, O. (1984). Teoría psicoanalítica de las neurosis, Barcelona, Paidós.

Genovard, C., Gotzens, C. y Montané, J. (1987). Problemas emocionales en el niño, Barcelona, Herder.

Jiménez, M. (1997). Tratamiento psicológico de problemas infantiles, Málaga, Ediciones Aljibe.

Jiménez, M. (1997). Psicopatología infantil, Málaga, Ediciones Aljibe.

Mazet, Ph. y Houzel, D. (1981). Psiquiatría del niño y del adolescente, Barcelona, Editorial Médica y Técnica.

Moreno, P. (2002). Superar la ansiedad y el miedo, Bilbao, Desclée de Brouwer.

Vallejo-Nájera, J. A. (1991). Guía práctica de psicología, Madrid, Temas de Hoy.

La educación de la inteligencia emocional

Tenemos dos inteligencias. Una es cognitiva  ̶ lo que sabemos ̶ , la otra es emocional  ̶ lo que sentimos ̶ . Ambas se sirven de conceptos. Conceptos que aprehendemos mientras vivimos. Conceptos que determinan nuestras percepciones. Pero una sin la otra no sirve. Lo que sabemos intelectualmente tiene un color emocional. El rojo es un color que conocemos pero la experiencia con el fuego o con la sangre califica al color con una emoción intensa. El verde es esperanza y las rosas blancas son de amistad.

Compartimos la idea de educar la inteligencia y nos preocupa el Coeficiente Intelectual de nuestros hijos. También debería preocuparnos la educación de las emociones, y ni siquiera disponemos de tests para medir la madurez emocional. Sobrevaloramos las capacidades racionales aún cuando sabemos que son otras las habilidades que conducen al éxito: la motivación, la inteligencia práctica, las habilidades sociales, la creatividad o el apropiado autocontrol emocional.

La inteligencia cognitiva nos hace perfectos y la inteligencia emocional nos hace humanos. Parece que la esencia del Ser humano brota de su imperfección. Educar nuestra inteligencia emocional será un largo camino de aprendizaje del autodominio, similar al aprendizaje del manejo de la mano. Al principio la mano es torpe y poco a poco la especializamos en tareas moduladas con precisión. Un día podríamos interpretar una partitura al piano con nuestras propias manos.

La materia básica de la educación emocional son las emociones. Las emociones son estados del sentir. Pura energía nerviosa que recorre nuestro cerebro. Los niños nacen con todas las emociones y las experimentan sin control alguno sobre ellas. Nosotros somos sus educadores, sus modelos del sentir. Debemos aceptar todas las emociones infantiles. Todas son aceptables. Los que no son aceptables son los comportamientos que en ocasiones se derivan de ellas. Tanto es así que no podremos entender el comportamiento de nadie si no nos interrogamos por el impulso emocional que lo ha desatado. Desde esta lógica no debemos castigar las conductas sino mostrar al educando el modelo de afrontamiento correcto de la situación emocional: siempre deberíamos elevar el nivel de consciencia, ¿qué estoy sintiendo, porqué lo siento, cómo se llama lo que me pasa, qué se debe hacer en esta situación para ser persona, cómo afectará a los demás mi reacción, me dejo llevar o me controlo, a qué consecuencias me expongo…?

La educación de las emociones inexcusablemente llama a la puerta de nosotros mismos. ¿Qué modelo emocional muestro a mi educando? El autoanálisis nos librará de las incoherencias. Gritar para que los niños callen será peor solución que callar para que callen. Ellos y ellas serán como nosotros, y sus hijos también.

Nuestra relación humana es puramente psicológica. Debemos librarnos de ideologías cosificadoras que ven al niño en desarrollo como un autómata programable. Si somos capaces de interpretar las emociones que nuestros hijos experimentan, podremos comunicarnos con ellos para pedirles cambios internos y voluntarios. No es lo mismo atemorizar para conseguir lo que queremos que explicar lo que queremos conseguir. Si el castigo es suficientemente severo un niño puede extinguir su conducta sin poner su voluntad en ello, pero será signo de madurez que no la repita por decisión propia. Y este sí será un verdadero cambio en su comportamiento. Llegada la hora de abrir la caja del tesoro, abrámosla. Lo que hay dentro de un Ser humano es humanidad. Tanta como le hayamos metido dentro.

 

Javier Abellán