EL OCIO INFANTIL
¿Qué hacer con el tiempo libre y las vacaciones de los niños?
Dos consejos para un adecuado uso.
¿Cómo pueden nuestros hijos ir al colegio cada día y luego pasar por la academia de extraescolares, dar su clase de música o danza y otras tardes adiestrarse en las artes marciales o en el manejo de los pinceles, sabiendo que el sábado por la mañana tienen la competición de tenis o fútbol y que el lunes vuelta a empezar? La respuesta es bien sencilla: porque son inagotables. Con la cantidad de energía que es capaz de gastar cualquiera de nuestros hijos en un sólo día, nosotros los adultos tendríamos reservas para dos semanas. Los niños tienen prisa. Se mueven mucho y deprisa, comen rebotando en la silla y cambian de actividad a cada poco con impaciencia. Es como si se les acabara el tiempo y tienen toda la razón. El tiempo del desarrollo es corto. En pocos años se ponen a la altura de los adultos y dominan las tecnologías que la humanidad ha tardado milenios en desarrollar.
El trabajo de los niños es jugar. Jugando lo aprenden todo. Qué lástima que las aulas tengan paredes y que la pedagogía no sea capaz de proponer un divertido juego para aprender cada cosa en el colegio. Reconozcamos que a los niños les gusta aprender; disfrutan sin límite conociendo y comprendiendo. Deberíamos facilitarles las informaciones y los conocimientos pero también las experiencias para que vivan, sientan y comprendan. ¡Pobre de quien no conozca el aroma y sabor de una taza de chocolate caliente! ¿Se lo mostramos con un dibujo?
La mejor opción será compensarles con un tiempo libre y unas vacaciones de calidad. En el ocio está el secreto. Hay dos secretos. Descubrir el primero nos permite planificar adecuadamente el ocio de nuestros hijos. Entender el segundo nos garantiza su felicidad.
Lo primero será sabiendo que no pueden parar, pues que no paren. El no tener nada que hacer es angustiante para un niño. Te dirá "me aburro". Lo más aconsejable será utilizar el tiempo libre y las vacaciones para acercar a los niños a todo aquello para lo que ya nunca volverán a estar "tiernos". Aprenden sin esfuerzo lo que la naturaleza ha dispuesto que se aprenda de manera espontánea. Nadie nos enseña nuestro idioma, nacemos dotados con la capacidad de aprenderlo tomándolo prestado de los que nos rodean, y luego nuestra aptitud decrece. Al igual que nadie enseña a caminar a los niños; nacen impulsados a ponerse en pie en apenas un año.
La infancia es el tiempo de saborear las experiencias de verdad. Jugar en inglés es vivir el inglés. Lo contrario es pura teoría. Acercar a nuestros hijos al bilingüísmo lo antes posible es lo más rentable para su aprendizaje. Cuando no se ha nacido en un entorno bilíngüe los idiomas deberían "estudiarse" desde el primer año de la Escuela Infantil, y en vacaciones aprovechar toda oportunidad de inmersión en otra lengua; hacerlo de forma natural, utilizándolo para resolver las necesidades básicas de adaptación, como la naturaleza lo ha dispuesto. Aprenderán más que nunca y ni siquiera sabrán cómo lo han conseguido. ¡Ya quisiéramos los adultos disponer de esa plasticidad!
Lo segundo es dificil de explicar. Para entenderlo debemos ponernos en su lugar. Obligaciones, obligaciones y más obligaciones. Pensemos que nuestra vida sólo incluyera este ingrediente y rápidamente nos sentiríamos astiados y desmotivados. ¿Qué nos motiva? ¿De dónde proviene nuestro aliento? De los que nos quieren, de los que comparten con nosotros el tiempo, los que intercambian con nosotros sus emociones. No somos robots obedientes, somos afecto. Un niño, una niña sin adultos cercanos, sin horas de convivencia, agotará sus reservas de motivación más rápidamente que si a nosotros nos quitaran el fin de semana del calendario. Seremos y les haremos felices usando nuestro tiempo de ocio para vivir experiencias maravillosas con nuestros hijos. Su infancia es nuestra única oportunidad. ¡Aprovechémosla!
Javier Abellán.
Psicólogo clínico infantil